Amar como evidencia de una relación constante con Dios
Hebreos 13:1–2
“Permanezca el amor fraternal.
No se olviden de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.”
Tener una relación constante con Dios no se limita a momentos de oración, a la lectura bíblica o a los domingos en la iglesia. La carta a los Hebreos nos recuerda que una fe viva y permanente se manifiesta, sobre todo, en la manera en que amamos y tratamos a los demás.
El amor que permanece
Hebreos 13 comienza con una instrucción clara: “Permanezca el amor fraternal”. No dice “aparezca de vez en cuando”, ni “cuando sea fácil”, sino permanezca. Esto implica constancia, decisión y compromiso. El amor cristiano no depende de emociones pasajeras, sino de una relación diaria con Dios que transforma nuestro corazón.
Cuando caminamos constantemente con Él, Su amor fluye hacia otros de manera natural. Amar a nuestros hermanos, perdonar, servir y mostrar compasión se convierten en evidencias visibles de que Dios está obrando en nosotros.
La hospitalidad como acto espiritual
El versículo 2 nos invita a no olvidar la hospitalidad. En un mundo acelerado, individualista y desconfiado, abrir el corazón —y a veces el hogar— se vuelve un acto contracultural. La hospitalidad no es solo una acción social; es una expresión espiritual.
La Biblia nos recuerda que, al hacerlo, algunos hospedaron ángeles sin saberlo. Esto nos enseña que Dios se manifiesta en lo cotidiano, en los pequeños actos de amor que realizamos sin esperar reconocimiento.
Vivir la fe todos los días
Una relación constante con Dios se fortalece cuando entendemos que cada encuentro humano es una oportunidad para reflejar a Cristo. Amar, servir y acoger no son tareas secundarias de la fe; son parte esencial de ella.
Hoy, pregúntate:
¿Estoy permitiendo que el amor de Dios permanezca en mis relaciones?
¿Reflejo mi comunión con Él en la forma en que trato a los demás?
¿Vivo mi fe solo en lo espiritual o también en lo práctico?
Que Hebreos 13:1–2 nos recuerde que caminar con Dios cada día significa amar de forma constante, porque allí, muchas veces sin notarlo, Él se hace presente.
Oración final
Señor Dios,
hoy me acerco a Ti reconociendo que necesito de Tu amor cada día.
Ayúdame a permanecer en el amor fraternal,
a no cerrar mi corazón ni mis manos,
y a reflejar Tu presencia en cada persona que pongas en mi camino.
Enséñame a vivir una fe constante,
no solo con palabras, sino con acciones,
a practicar la hospitalidad, la compasión y el servicio,
aun cuando no sea fácil o cómodo.
Que mi relación contigo se note
en cómo amo, cómo perdono y cómo sirvo.
Permite que, en lo cotidiano,
pueda encontrarte a Ti
y ser un reflejo de Tu gracia.
Amén.